Cuando necesitas haces tripas corazón y borras su nombre hasta de la última página de tu diario.
Cansada de lamentarme por lo rincones, cansada de llamarte y colgarte, decidí tomar una botella de vino, un par de cigarrillos y un encendedor. Miré tu foto esta mañana en mi velador y me dije a mi misma que ya era tiempo de un cambio, que debería dejar en el olvido, esos momentos en la cama en los que deseábamos que el sol no apareciera por la ventana.
Con media botella de vino en la sangre escribo este post para creerme lo que he hecho, lo que he dicho y lo que haré después de esta ruptura que no me mandará a terapia con un psicólogo pero que me desatará definitivamente.
Agarré tu maldita foto, esa en la que tienes cara de paparulo mirándome. Fumándome un ‘pucho’ le hice un agujero en tu cara, borrándote de mi vida, armé una pequeña fogata y me deshice de todos los cachivaches que conservaba de esta relación.
Comencé con tus polos ridículos, las fotos del viaje a Avellaneda, las cartas y hasta el pollito que ganaste en una feria fue incinerado. Agarré mi celular y borré todos tus mensajes, tu nombre, tus teléfonos, hasta saqué el sticker de Pascualina que me recordaba a ti.
Entré en la computadora, abrí el messenger, te eliminé, te puse no admitir y borré todo rastro de tu presencia, en mi vida, ahora no eres nada, ni siquiera un recuerdo en mi almohada, la aspiré.
El vino me está abriendo los ojos o cerrándolos, no lo sé, solo entendí que gritaré mi libertad a los cuatros vientos, olvidaré cada una de tus palabras y mandaré al diablo a ese ser deprimido que habitaba en mi, porque desde que te fuiste, soy más feliz.
Since you been gone – Kelly Clarkson
