El sueño

31 07 2008

Nada más debo decir que esa tarde la pasé con A en su cama y en su casa y que pese al incidente del condón, la pasé muy bien. Nos reímos y me sentí tan bien que desee que ese hombre que me miraba fuera “él”.

Lamentablemente, las piedras en mi lago de pensamientos no están tan arraigadas al fondo. A me preguntó un sábado ¿Cuándo te veo?, eso fue suficiente para que pensara en sus brazos y su pecho, es que este hombre tiene los brazos por los que toda mujer desea ser abrazada. Un par de fornidos, no como la Roca, largos y blancos brazos con un aroma que te termina hechizando.

Ahí estaba yo, en sus brazos, delicada y sobretodo feliz. Me tenía, lo hicimos y en medio de eso un maldito teléfono y un estúpido timbre comenzaron a sonar, A se desconcentró en medio de mi escalera al cielo lo cual hizo que bajara más rápido que cuando se cae un elevador.

Después de casi burlarme de su falta de concentración, y de la mía, seguimos, el soundtrack eran las voces de la película August Rush, en su cama, en su baño y casi nos bañamos juntos pero este pechito arrugó.

Bañarse con alguien lo siento un poco más íntimo, solo con J he tomado un baño y lo hemos en medio de juramentos de amor y muy felices. Estábamos tranquilos, mi tarde estaba hecha y regresé a mi casa no satisfecha pero sí contenta.

Me acosté pensando en sus brazos y una de mis malditas piedras salió a flote mientras dormía. Era M, estábamos en una fiesta, Jonathan Rhys Meyer estaba cantando en un escenario y M estaba sentado con un vaso de cerveza en la mano. Me acerqué, como siempre cual loser, y él se paró y fue por otra cerveza.

Hasta ese momento todo normal, eso es lo que haría en una fiesta normal, eso o decirme que está en medio de una conversación de adultos porque claro para él tener 29 es ser como ser años luz más anciano que una chica de 23, a su regreso me hizo un espacio para sentarme, mirábamos el concierto y me tomó de la mano, me miró y se sonrió.

En la siguiente escena, éramos solo M y yo en una cama, él sin camisa durmiendo plácidamente y yo siendo despertada por mi madre cuyo único propósito era que llegáramos temprano al médico.

Razones por las cuáles puedo haber soñado eso:

  • August Rush, en algún momento del acto sexual con A se me quedó grabada alguna escena de la película (lo cual dudo)
  • M está trastornándome
  • Tengo una fijación con él y su camisa, o sin ella.

Se los dejo a ustedes.





La canción de la borracha

28 07 2008

Unos tragos de más, un compañero insulso y un sarcasmo me llevaron a cometer locuras en un bar.  Dos direcciones en una servilleta, carcajadas hipócritas, el fondo de un vaso y tus dedos en mi. Cometí un pecado, el más grande de todos, llamar a ese chico que podría ser el inicio del fin de mi gitanía.

Agarré el celular y marqué su número, me contestó, no recuerdo lo demás. Con la mente en blanco, después de borrar cinta por tantos tequilas llegué al trabajo. No recordaba que lo había llamado, sabía que lo había hecho por que tenía su número registrado en mi celular.

Eran las cuatro de la tarde cuando llegó, me miró raro, y pensé “la cagué”. M me miraba de vez en cuando y se sonreía, qué manera de torturarme, si quieres decir algo, dilo ya, carajo no me mires como cojudo y te rías.

Seguí escribiendo como si nada pasara, pasé por su lado para agarrar mi botella de agua y me dijo “Hola, Fiorella” con una sonrisa pícara, por la cual estuve a punto de derretirme, sin embargo, permanecí quieta (como siempre) y le dije Hola M, se sonrío.

Carajo y dale con las sonrisas. Me siguió hasta la kitchenet y me dijo “me llamaste ayer”, dios mío la jodí, estoy segura que le dije que me gusta, se lo dije,ptm. “¿si??? y qué ¿fue??”, “¿qué? ¿no te acuerdas?”, no tarado como te explico que no me acuerdo el nombre del pata con el que amanecí.

“No me acuerdo”, admití segura de mi misma, él me miró y me dijo, “nada, solo me dijiste que te gusto, que te mueres por mi y que quieres hacerme el amor de todas las formas posibles”, dios eso sonó a mi, me pusé roja (repuesta involuntaria que tiene el cuerpo cuando te descubren) ¿qué?

Se sonrío y me dijo “nada de eso, me dijiste algo pero no se te escuchaba bien por la bulla pero no necesitas decirme nada ya sé que te gusto”. Me cayó como baldazo de agua fría y lo único que atiné a decir fue: si me gustas, bye.

Si se preguntan por qué el video de Britney Spears en How I met your mother, bueno es para que entiendan un poco como me comporto cada vez que M me habla, ahi esta, igual que Abby. (Lo sé, super loser de mi parte)





Martíres del tiempo

26 07 2008

Fueron 23 días, esos en los que te amé. Esos 23 que tengo ahora y que me recuerdan que sí me enamoré. Me enamoré de ti, de tus sonrisas y tus “cuidado que te caes”. Aún recuerdo ese casi beso en Lomas de Lachay y esa manera que tenías de decirme linda sin que me entere.

Grandazo sigues siendo mi constante, mi grupo sanguíneo y el único chico con el cual lamento no haber tenido las agallas para olvidarme del mundo y seguirte.  Ahora que ando en esta ruleta rusa esperando el momento en que sienta nuevamente “eso” que me devuelva a la vida.

Ya no tengo dieciseis ni sueño con que llegue mi príncipe azul en un caballo blanco a rescatarme y sacarme de este agujero vil en el que estoy metida. Te extraño, extraño quien era cuando estaba contigo, extraño que mis palabras sean música y que tus besos sean mi remedio.

Soy un ser extraño, desaparecido, el aire sin oxígeno, un barco en alta mar que va a la deriva sin rumbo, te perdí, me perdí y nos perdimos. Ahora tu tienes un hijo y yo sigo, ella me pide que desaparezca y sigo mi camino de sombras, sin luz sobre mi cabeza. Mis letras no son las mismas, mis manos se ensombrecen, este ordenador sigue sin inspirar eso con lo que tu me hacías volar. Mi Sebastián, mi Zacary, mi cruz y mi dios, sigues ahi en mis venas y ahora que miro atrás me doy cuenta que sentir no puedo y que no Désdemona para mi Otelo ni Ofelia para mi Hamlet, ni Julieta para mi Romeo. Estoy aquí, una mártir del tiempo, sin poder salir de la arena, sin poder, nada.





El noveno pasajero

19 07 2008

No sabemos quienes somos, ni cómo somos, ni a dónde vamos, ni por qué estamos en el mismo bus, mirando las mismas calles y sintiéndonos igual de miserables. Las calles son así, son así. Serpentean, te hacen saltar y distraerte de tu realidad.

Me rozaste la mano y sentí que el contacto físico fue algo más que un simple roce tosco producto de un bache de la avenida La Marina. Nos miramos y me dijiste, disculpa, te miré y te dije no te preocupes. Bajamos en la misma esquina y caminamos por los mismos lugares. Hasta que te atreviste a decirme tu nombre, soy A.

Soy F y nos metimos a una cafetería cercana a conversar, quién iba a saber que vivías a solo cinco cuadras de mi casa, que te gustaban los Beatles y que no tenías ningún reparo en invitarme a salir el viernes próximo.

En la salida hartos de las formalidades caminamos por la residencial San Felipe y empezamos a besarnos escondidos en las sombras de esos edificios que mas tienen de naves espaciales.  No nos acostamos por que esas cosas solo complican las despedidas, sabías que era pasajero pero había que disfrutar el momento.

Te ibas a Estados Unidos el viernes 18 de julio y me dijiste que me dabas material suficiente para contar una buena historia. Recuerdo que a mi lado eras el noveno pasajero y yo el alien, que nos reímos hasta las tres de la mañana del serenazgo que nos seguía, su curiosidad por sorprendernos haciendo el amor infraganti era más poderosa que su deber.

Me pusiste contra la pared y me retaste tantas veces que tuve decirte que te bajes de mi nave espacial y camines solo en la garúa. Regresaste corriendo con una margarita y me dijiste si podía volver a subirme, por que era tu alien y el noveno pasajero tenía la misión de encaminarlo de regreso a su planeta.

Esas naves de concreto me raptaron y tú volaste anoche con una margarita marchita en un libro y dos besos en la mejilla. El noveno pasajero, tomó su vuelo y me dejó con algo más que cicatrices de batalla y sonrisas de estrellas.