Martíres del tiempo

26 07 2008

Fueron 23 días, esos en los que te amé. Esos 23 que tengo ahora y que me recuerdan que sí me enamoré. Me enamoré de ti, de tus sonrisas y tus “cuidado que te caes”. Aún recuerdo ese casi beso en Lomas de Lachay y esa manera que tenías de decirme linda sin que me entere.

Grandazo sigues siendo mi constante, mi grupo sanguíneo y el único chico con el cual lamento no haber tenido las agallas para olvidarme del mundo y seguirte.  Ahora que ando en esta ruleta rusa esperando el momento en que sienta nuevamente “eso” que me devuelva a la vida.

Ya no tengo dieciseis ni sueño con que llegue mi príncipe azul en un caballo blanco a rescatarme y sacarme de este agujero vil en el que estoy metida. Te extraño, extraño quien era cuando estaba contigo, extraño que mis palabras sean música y que tus besos sean mi remedio.

Soy un ser extraño, desaparecido, el aire sin oxígeno, un barco en alta mar que va a la deriva sin rumbo, te perdí, me perdí y nos perdimos. Ahora tu tienes un hijo y yo sigo, ella me pide que desaparezca y sigo mi camino de sombras, sin luz sobre mi cabeza. Mis letras no son las mismas, mis manos se ensombrecen, este ordenador sigue sin inspirar eso con lo que tu me hacías volar. Mi Sebastián, mi Zacary, mi cruz y mi dios, sigues ahi en mis venas y ahora que miro atrás me doy cuenta que sentir no puedo y que no Désdemona para mi Otelo ni Ofelia para mi Hamlet, ni Julieta para mi Romeo. Estoy aquí, una mártir del tiempo, sin poder salir de la arena, sin poder, nada.