Los recuerdos te juegan malas pasadas. La mente decide trastornarte con imágenes de tu pasado repitiéndose una y otra vez. Entré a ese bar, pedí una cerveza y él se me acercó. Hola, siempre vienes, me dijo, volteé y le dije que esta era la cuarta vez en la semana que venía.
Acabas de terminar con el enamorado, me dijo sonriente, presintiendo su triunfo, a lo que conteste, no, acabo de salir de rehabilitación. El chico huyó en dos segundos. Simplemente no aguanto a los sabiondos.
Miraba el fondo de mi vaso, cuando lo vi. Me quedé fría. Es él. Las lágrimas saltaron de mis ojos, respiré, es imposible, no es él. Decidí acercarme con cuidado para que no me viera y volteó. Era él con una chica.
Estaban riéndose, él le tocó el cabello, los celos, la ira, la rabia de verlo tan tranquilo de saberlo con otra, ella le sonrío coqueta y me miró desafiante. ¿Sabe quién soy? “J” le habló de mi y ella me restriega en mi cara que ya no estoy con él.
Eso no se queda así, recordé ese video de Shakira en el cual ella le revienta las siliconas a una rubia, me armé de valor y pasé a su lado. Me miró, se alejó de ella, se me acercó. Mi cuerpo empezó a temblar y me dijo: Hola ¿Cómo estas?, de maravilla, no qué me ibas a llamar y vengo aquí y te veo con otra muy contento, mejor no podía estar, quién es tan imbécil de preguntar ¿cómo estas? cuando es sorprendido con otra.
Muy bien, gracias, le respondí, que bueno, quería llamarte pero no tengo saldo, me respondí, poniendo una excusa a su falta de comunicación, ni noté que no me habías llamado, es raro no?, el tiempo pasa volando cuando te diviertes.
Se quedó frío, la chica no dejaba de mirarnos, hizo el intento de no mirarme pero no pudo. Sus ojos se clavaron en mi y le contesté la mirada desafiándolo, gritándole que lo odiaba por haberme demolido mis castillos en el aire, por decepcionarme, por ser tan basura conmigo.
Me bebí la cerveza y la sola idea de fregarle la noche me llegó a la cabeza. “J” tengo que decirte algo muy importante, no me viene la regla desde hace dos semanas. Su rostro se contrajo en una mueca indescriptible y me contestó después de unos segundos. Bromeas, ¿verdad?, estoy muy preocupada por eso, qué hogar le voy a dar a ese niño si estoy encinta.
Destruiste mis castillos en el aire, ahora yo tendré el placer de fregarte la noche. La chica se nos acercó y lo miró como diciéndole que la siga, él se quedó frío, no procesaba la idea de ser padre. Harta de los intentos de la chica, la saludé. Hola, no creo que pase la noche contigo, se acaba de enterar que va a ser papá.
Lo miré y le dije que me llamara y que me iba a mi casa, se ofreció a acompañarme, acepté. No hablamos, no nos dijimos nada, él miraba ausente la calle y yo disfrutaba en silencio de ese plato frío llamado venganza.
