Todo se oscurece y cuando tratas de cambiar, tu antiguo Yo empieza a llamarte desde el fondo de tu ser gritándote de que tiene que salir, beber y acostarse con algún desconocido para relajarse. Decidí voltear la cara, taparme los oídos y hacer caso omiso a esos gritos que ,a veces, me llevan a gritar en el baño que desearía saber cómo carajos masturbarme sin sentirme estúpida por hacerlo.
Eso de alucinar que alguien me toca y meterme el dedo no me va en lo absoluto. Las ganas de arrancarle la ropa a cada chico que veo caminar crece cada día más. Parece que fuera parte de la película 40 días y 40 noches, donde el cuerazo de Josh Harnett tiene que pasar 40 días sin sexo. ¡Dios! que terrible, el que diga que puede aguantar sin sexo tanto tiempo y sin la necesidad de cantar I touch myself que tire la primera piedra.
Llevo exactamente 40 días sin tocar a nadie, sin besar a nadie, sin sentir otra piel sobre la mía y creo que ya empece a mirar cada ser humano como si fuera un pollo a la brasa y no hubiera comido en días. Hay momentos en que pienso en mi amiga con la que tuve un encuentro del tercer tipo pero simplemente no la encuentro.
No sé que hacer, hasta fui capaz de decirle a mi jefe que necesito que me devuelvan mis fines de semanas porque necesito acostarme con alguien, ando más caliente que volcán en erupción. Aún así quiero seguir con mi propósito de dejar de tener relaciones por mera necesidad o calentura, quiero a alguien que me haga soñar y a la vez ver estrellas cuando me de un beso, quiero a alguien que sea mi complemento y a la vez mi tormento pero ese quiero tendrá que esperar hasta que termine con todos mis demonios, empezando por este.
