Caminaba con mi mp3 al oído escuchando Aces High de Iron Maiden, pensando en el concierto de la banda que será en marzo, cuando sentí una mano en el hombre. Me quedé fría y pensé: Ya fui, cuando volteé a punto de insultar al atrevido que me tocó y me quedé frente a frente con J.
Era él, estaba ahi mirándome y sonriendo y como avalancha de nieve los recuerdos de sus besos, sus abrazos y los buenos momentos que pasamos juntos se me vinieron encima, cuando iba responderle con una sonrisa, apareció una figura diminuta (por que no pasaba del metro cincuenta) y delgada detrás de él.
Hola, le dije y J sonrío y me abrazó. Hola ¿Cómo estas?, me preguntó y yo solo pensaba en esa figura a su costado que me escrutaba. Le dije que estaba bien que acababa de realizar mis compras navideñas y que todo bien y que cómo estaba. J me respondió diciéndome que bien y me contó algo acerca de su trabajo pero seguía sin decirme quién rayos era esa enana a su lado.
Hasta que el Ommpa Lommpa (la chica) lo miró como preguntándole a qué hora me presentas ímbecil. J la miró y me dijo, ella es Y, una amiga del canal, la saludé y ella me dio una mirada asesina. (Ah! no encima que eres un piojo humanizado no me vas a venir a mirarme mal, enana mal vestida) Me respondió el saludo con frialdad y contrataqué, J por qué no salimos a tomar un café o tienes algo que hacer, J volteó a mirar a Y y yo traté de alizarme un poco el cabello que lo tenía revuelto y mostrar mi mejor sonrisa.
J me dijo, ¿nos acompañas? Y quiere comprarle algo a su mamá, la acompañamos y luego nos tomamos ese café. Mi sonrisa se amplió el doble de lo que estaba y creo que Y pensaba en cómo asesinarlo pues le dio una mirada que como dice una conocida salsa, si su mirada matara, J estaría en el cielo.
Caminamos, le compramos una blusa a la mamá de la chica, Y lanzó los puñales de la ruptura de ambos hace un año y que por qué habíamos terminado, yo le respondí ” no lo sé hacemos tan buena pareja”, sonriendo. J se divertía con la conversación, hasta que decidió que era el momento en que nos quedarámos solos.
Y ese es tu carro, la chica lo miró y le dijo ¿Qué ya me botas? J titubeó y luego le dijo que no era eso sino que quería conversar conmigo, que no me veía desde hace tiempo y que teníamos que ponernos al día y bla, bla, bla, bla.
Y se fue y yo canté victoria, J me llevó a un cafecito a la luz de las velas en el parque Kennedy. Estuvimos charlando horas de horas y como a la medianoche, me dijo: Sabes que leo tu blog casi todos los fines de semana. Me congelé, me jodí, pensé. Le contesté que a veces publicaba y a veces no y cuando ya me disponía a contarle un cuentazo, me besó.
Me estremecí entre sus brazos, su aliento, su ojos, cuando abrí los míos, me dijo al oído. Yo tampoco te pude olvidar. Le decía que era imposible, que nosotros, que la persona que soy ahora no podía ser la princesa de su cuento, que si leía mi blog entonces sabía de mis andanzas y me volvió a besar.
Me importa un pepino si te haz acostado con medio Lima, (Tampoco, tampoco, la mayoría eran extranjeros) pero quiero intentarlo de nuevo. ¿Intentarlo? estas seguro, me dijo que sí que no lo pensaba más, que me extrañaba y que estaba harto de pensar en mi y no me atreverse a levantar el teléfono.
Me quedé muda, no sabía que decirle, no sabía cómo decirle que sentía millones de cosas, que mi cerebro estaba más enredado que el nudo de un ahorcado y que en estos momentos solo sabía mi nombre. Atiné a decirle que nos llamáramos todos los días y que lo pensaría.
Ya pasaron tres días y aún lo estoy pensando…
