Entre lo nuevo y lo viejo

24 01 2009

A veces uno necesita tiempo para reinventarse, para seguir adelante, para tomar decisiones. Cerré el libro de J, alguien que no te llama en Navidad y no queda contigo para salir en Año Nuevo debe ser borrado hasta de la lista de los remembers.

Me subí a la camioneta de A con destino a Chincha a despejar mi mente y emborracharme. Y así tratar de iniciar el 2009 sin el fantasma de J en la cabeza.

Mis amigos, un grupo de juergueros, tenían en la camioneta tanto alcohol que si se me ocurría prender un fósforo volábamos en pedacitos igual que en los dibujos animados solo que algo más sangriento.

Llegué media borracha a la casa de playa de A y sin querer me topé con un grupo de holandeses que terminó uniéndose a la fiesta. Ahí estaba yo rodeada de gringos que hablaban una lengua extraña (¡Que rayos! estaban más buenos, así qué me importa si no les entiendo una palabra de lo que dicen).

Varias de las amigas de A ya estaban mirando a la presa que yo había elegido, así que se me ocurrió una manera de engancharlo: fútbol.

Rafael Van der Saar, Arjen Robben, entre otros jugadores me ayudaron a hablar su mismo idioma. Todo iba bien hasta que se me ocurrió ir a comprar y terminé en otra fiesta. Bailando con un chico que me decía que había llegado en el momento justo a su vida. (No sabía a que se refería pero la cerveza estaba bien fría)

¿Haz visto a F? hace media hora que se fue. Todos en casa de A me buscaban en especial Y, el holandés al que había estado besando como si el mundo se fuera a acabar, salí de la fiesta y dejé al chico de la otra fiesta (él que me decía cada sonsera sacada de películas y comedias románticas).

En el momento, en el que cruzaba la calle me llegó un mensaje a mi celular era J “Feliz a*o”, dos palabras, marqué borrar y las imágenes de la última cita empezaron a  aflorar.

Tal vez si hubiera contestado el mensaje regresaría a mi ser melancólico que espera a que el príncipe azul se aparezca en su puerta, pero tales cosas no existen.  Ella apareció, ese ser  vampírico  ansioso de bebidas espirituosas y besos fugitivos me tomó de la mano y me regresó a los brazos de Y, a mi realidad.





Party girl

24 04 2008

John Mayer por que te gusta

El alcohol, los besos ocasionales y alguna que otra locura en un bar inglés me llevaron a conocerlo.

Digamos que esta es la historia de una joven que después de tener una relación de más cinco meses y sentirse devastada por la ruptura, decidió que para reencontrarse a sí misma, debía volver a ser quién era antes de conocerlo.

Volvió a salir con sus amigos “JP”, “F”, “O”, “C” y “G”, se paseó con ellos por bares, mostró sus pechos por una apuesta y se besó con su mejor amiga por sacarse de encima a un tipo.

Lima es un crisol de oportunidades para quienes desean llevar una vida desenfrenada, solo debes de escoger el distrito adecuado y terminar en el lugar correcto que ayude a desatarte.

Una noche, JP, F, O, C y G decidieron que tenían que salir con sus respectivas enamoradas y dejar de lado a esa amiga con la que conversan todo.

F salió a tomarse su respectiva Corona a un bar miraflorino llamado el “Old Pub”. Tras la primera cerveza, una camarera llegó y le entregó un papel: I knew I know you. (Sé que te conozco).

Empezó a mirar a su alrededor y ahí estaba, sentado con una cerveza en la mano sonriendo. Una media sonrisa, le diría después, y una sonrisa completa tras el primer beso.

Estuvieron riendo toda la noche, terminaron borrachos en otro bar, subidos en la barra cantando “I love Rock & Roll”, él le dijo que era Libra y ella le contestó que no pertenecía a esa secta de personas que creen que las estrellas tienen algo que ver con el futuro.

Bailaron hasta el amanecer y se besaron con la fruición con que lo hacen dos enamorados que estuvieron separados por la distancia. Aunque el lenguaje no los limitara, el tiempo sí lo hizo. Bastian volvió a Alemania dos semanas después. Los correos son ocasionales y aunque ya no se dicen “T. A” a la distancia. Siguen recordando esas noches en el bar, en el karaoke y en especial, esa luna que los acompañó mientras hacían el amor en la piscina de un hotel.

Cuando nos conocimos